viernes, 21 de octubre de 2011

"Sueños de bolsillo" - Francesco Spinoglio



“Sueños de bolsillo” es un libro estupendo, honesto y bien escrito. Se trata de una autobiografía, por lo que partimos de ese pacto tácito y casi espiritual entre escritor y lector, en el que el primero expone los hechos de forma que el segundo ha de dar por sentado que son ciertos. En este caso Francesco utiliza la primera persona del singular pero nos habla a través de su alter ego Tommaso, quién sabe si para variar igualmente el resto de nombres de los personajes y no exponer al público la privacidad del resto, o si es para estar más cómodo a la hora de matizar los hechos y contarlos no de la forma en que sucedieron, sino en la que a él le habría gustado que lo hicieran. Qué importa. El resultado es un libro que engancha al lector desde la primera línea, que es directa y ya nos advierte tanto del tono sin afeites de la narración como de la imaginación sin límite del protagonista: “La cosa empezó así: quería ser un zorro. Rojo, a ser posible.”

El carácter soñador y el espíritu de superación del protagonista destacan en algunos de los pasajes más interesantes del libro como por ejemplo, en el que describe los meses en los que aprendió un nuevo idioma y trabajó mientras estudiaba para ahorrar y volver al lugar de vacaciones familiares para seducir a una chica de la que se había enamorado. Este viaje repleto de tintes mágicos finaliza con una noche en la misma habitación de hotel de Staufen donde, según cuenta la leyenda, Fausto vendió su alma al diablo, y sólo por este pasaje el libro ya merece ser leído. Es inolvidable el ambiente glorioso que se crea en torno a la noche, el aullido del viento y las gárgolas de la catedral que el protagonista ve desde la ventana: el lector, por unos instantes al menos, respira la misma niebla.

A todo esto hay que añadir que la edición física del libro es maravillosa: el texto no tiene ni una sola falta o errata, el tamaño y la fuente son los adecuados y el diseño de la cubierta es sobre todo elegante; se incluyen además estupendas ilustraciones en las hojas previas al texto. Eutelequia es una editorial joven que ha empezado pisando muy fuerte y ya se está haciendo un hueco muy importante en el mundo del libro: no le pierdan la pista.

lunes, 3 de octubre de 2011

"Vivir y morir en Lavapiés" - José Ángel Barrueco


Leo estos días, ávidamente, “Vivir y morir en Lavapiés”, la nueva novela de José Ángel Barrueco, publicada por Ediciones Escalera y recién salida del horno. Una vez más, como es habitual en su caso, la lectura ha sido una experiencia trepidante y vertiginosa. Tanto por su presentación en fragmentos breves, como por la forma en que está escrita, rápida y libre de adornos prescindibles, es capaz de enganchar al lector con mucha facilidad.

Esta novela es un recorrido escrutador y profundo por los entresijos del barrio madrileño de Lavapiés: JAB nos dibuja un mosaico de costumbres y personajes fruto de una cuidadosa observación diaria, describiendo con precisión de cirujano tanto las escenas que podríamos encontrarnos cara a cara en las calles y locales dando un paseo por el barrio como aquellas otras que nos estarían vetadas por transcurrir en el interior de los hogares de los vecinos del barrio.

Dado que este barrio es prolijo en contrastes, por sus aceras deambulan personajes tales como jubilados, parados, inmigrantes, modernos, mafiosos, actores, policías, niños, comerciantes, prostitutas, curiosos, ladrones, drogadictos, adolescentes, poetas,  vagabundos... mezclándose e intercalándose en una danza colorida e irracional.

La novela transcurre a lo largo de un solo día, dividiéndose en tres partes, a saber: mañana, tarde y noche. Su originalidad reside en su propuesta de presentación. Como he comentado antes, se trata de fragmentos breves, con hilos argumentales más o menos largos: existen desde historias que ocupan uno solo de estos fragmentos, a modo de pincelada o instantánea breve pero muy descriptiva, hasta historias que comienzan en la primera parte de la novela y se van desarrollando hasta que conocemos su desenlace en la parte final. Este formato me ha gustado mucho, porque es imposible que ninguna historia sature al lector al ir intercaladas. Además, así se mantiene e incluso se acrecienta el interés por saber cómo se desarrollarán las historias que vamos quedando interrumpidas por ir sabiendo un poco más de las otras, y así sucesivamente.

Leyendo “Vivir y morir en Lavapiés” se tiene la sensación de tener los pies plantados en el centro del barrio con una visión de 360º y conocimiento absoluto de lo que le está ocurriendo en todo momento a cada habitante del barrio, por lo que gustará a todo lector con un mínimo interés por este barrio, extensible también a las situaciones que se viven en muchos otros, madrileños o no, de características similares.

Sobre la precisión en la descripción y la capacidad de síntesis, los que leemos a Barrueco desde hace años y hemos conocido sus artículos periodísticos de opinión, sabemos que es un escritor que, si por algo se caracteriza, es por su capacidad de observación, sometiendo siempre a riguroso examen los detalles más pequeños. Este libro es un homenaje a las técnicas de escritura que utilizaba William S. Burroughs, y también es comparable con este escritor esa capacidad de observación tan afinada. Personalmente, también he establecido sin querer equivalencias o similitudes entre esta novela con otras dos anteriores del mismo autor: la escritura tan fluida, el descenso a los bajos fondos humanos y la falta de escrúpulos me llevan inevitablemente a “Monólogo de un canalla”, así como la descripción de personajes del barrio tan acertada y las continuas y ricas referencias bibliográficas y cinematográficas me llevan a “Recuerdos de un cine de barrio”, reeditada hace poco por la editorial Baile del Sol.

Es una novela para tener en cuenta a la hora de leer y regalar a conocidos: es vertiginosa, no da respiro, está muy bien escrita y además es de un gran escritor, coetáneo y accesible. Qué más se puede pedir. Y, como siempre, un fragmento como muestra, representativo del resto, pero hay mucho más:

Cuatro ancianas, con bolsos y bastones y permanentes. Caminan por la acera. Van a  pasar por la esquina de los ecuatorianos. No dan un rodeo. Pasan por en medio. Algo que gente más joven no haría. Una de ellas levanta la cabeza. Mira a uno de los hombres: sus ojos exigen respeto. Los muchachos se apartan, las dejan pasar. Ellas se alejan ,charlan sobre nietos y recetas de cocina.
-¡Chuta! Ni que esas tuvieran pinga, ñaño...
-Vivieron una guerra civil, fumón. Eso endurece. Es de ley.
-¿Una guerra civil, man? ¿Dónde? ¿Acá?

domingo, 2 de octubre de 2011

Sobre la magia de la música.


La melodía continúa, cambia, se transforma, Krito revive las consecuencias  de aquello, la maldición interior pesando en su vida, la destrucción para siempre de su capacidad de amar, y recordándolo abre los ojos, se contempla con realismo implacable, se abraza a sí mismo donde está, se acepta reconciliado... Porque es tocando fondo, aunque sea en la amargura y la degradación, donde uno llega a saber quién es, y donde entonces empieza a pisar firme. Y desde lo alto, desde la noche transfigurada por la música, llega al fondo del pozo el bálsamo del arte, despierta la sensatez de la sabiduría, y Krito empieza al fin a estar en paz... Desde ese momento sólo es oído y sentimiento, olvido de los demás, envuelto en música, inundado de música, apacentado en música. Es pájaro, caballo, navegante, planeta. Es corazón latiendo.


Tarda en darse cuenta de que la música ha cesado, de que abajo no hay apenas ruido. Oye crujir la vieja escalera de madera por las cautas pisadas de una muchacha y las más fuertes del tardío cliente que la sigue hasta la yacija. Oye una voz reclamando agua. La vida le envuelve de nuevo y ve al aulista, soltándose la cinta que mantenía los tubos contra su boca.
-Amigo, amigo -le dice suavemente-. ¿Qué haces con el viento en esos tubos? ¿Cómo lo alargas, lo trenzas, lo frenas, lo aceleras, lo haces saltar o doblegar?
El aulista sonríe y tantea hasta encontrar el jarro del que bebe un trago.
-Esta noche te confesaré mi secreto... No soy yo quien lo hace; es el mismo viento que está vivo y ama los tubos estrechos con las repentinas portezuelas que se abren y cierran. Sí, te diré mi secreto. Cuando nací, en Tracia, mi madrina fue una maga de hierbas, como llamamos allá a las mujeres con poderes ocultos, y no me regaló nada. Mis padres se enfadaron, pues habían esperado que me diese la vista sin la que nací, pero ella sabía que aún no era el momento. Fue más tarde, cuando ya me apuntaba la barba. Un día se me acercó en el monte y sopló tres veces en mis dedos. Por eso el viento los reconoce y ellos a él; por eso ellos le llaman y él les obedece.
-Comprendo -dice Krito, mientras piensa de qué triste o alegre historia personal será transmutación defensiva esta leyenda.
-No, no comprendes -continúa Yarko, cambiando su tono ligero en otro melancólico-, porque aún no he terminado. Después de soplar en mis dedos la maga tocó mi corazón con su mano izquierda y me dejó una cicatriz para siempre. Por eso el viento y mis dedos sólo saben tocar como has oído.
Y ahora Krito sí comprende que en la vida de Yarko hubo otra Kalidea. Se acerca al aulista y abraza a su hermano en lo irremediable.


José Luís Sampedro
"La vieja sirena"
Ediciones Destino, 2006
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