lunes, 20 de febrero de 2017

El terror en la literatura - H.P. Lovecraft


Una recomendación exprés. Se lee en una tarde, y no descubre nada nuevo en cuanto a literatura clásica gótica y de terror se refiere, pero resulta una lectura de lo más agradable, sin olvidar que es el mismo Lovecraft quien nos está recomendando a sus favoritos.

Se trata de un breve ensayo de literatura que recorre cronológicamente los grandes hitos, desde las primeras novelas del género hasta aproximadamente el momento en que este libro fue escrito, y teniendo en cuenta que Lovecraft murió en 1937 es hasta divertido leerlo desde esta perspectiva detectando datos como "WB Yeats es uno de los mejores escritores vivos" (lo que produce una leve nostalgia inmediata por no haber vivido tiempos previos a nuestro nacimiento, especialmente aquellos en los que se alcanzaron cotas muy altas de perfección literaria y habríamos podido conocer a nuestros autores más queridos, o coexistido al menos en el mundo con ellos). Y es delicioso leer los fragmentos en los que Lovecraft ensalza los aciertos de los autores pero a la vez señala con mano dura todas aquellas cosas en las que fallaron.

Al mismo tiempo, no es tan divertido detectar que solamente se nombra a tres o cuatro autoras, que una de ellas es la consabida Mary Shelley y que de haber sido este ensayo escrito en 2017 la cosa no habría cambiado tanto. Enjoy.

lunes, 6 de febrero de 2017

El instante preciso en que los destinos se cruzan - Angélique Barbérat



Esta novela encaja en la línea de novelas románticas para adolescentes, más en concreto tiene todas las características de una fan-fic. Se trata de una novela larga de más de 400 páginas dividida en multitud de capítulos muy breves, letra grande, amplios márgenes y una prosa muy poco elaborada. Es decir, que está configurada para captar la atención del lector que no busca nada más allá de un bonito desenlace: el tipo de libro que jamás leo.

Pero esta reseña surge por la colaboración con la web Edición Anticipada, en la que internautas con cierta visibilidad en diferentes canales (vídeo, blog, etc.) pueden suscribirse y solicitar ejemplares de los libros que cada poco tiempo se van ofreciendo. No tengo marcada la casilla de novela romántica ni juvenil entre mis preferencias, aún así es el tipo de libro que más habitualmente se ofrece, y solo por probar, pedí este.
Aclarado esto, y aunque sólo sea por ejercicio y diversión, vamos a ver un poco mejor por qué no me ha gustado y qué partes buenas quiero destacar, ya que también las tiene.

Al parecer, este libro fue autoeditado en Francia con bastante éxito, de ahí que un sello editorial se interesara por él y que haya llegado también la traducción a España. A grandes rasgos, hay que decir a su favor que Angélique Barbérat se ha esforzado por escribir una novela bonita. Es decir, creo que está llena de fallos y en conjunto es muy floja, pero  bueno, no parece tener muchas pretensiones y en todo caso, es inocua.

Una de las características más llamativas es que trata el tema de la violencia machista: la dura realidad inevitablemente filtrada en las ficciones. Creo que el tratamiento está bien llevado, puesto que se parte de un personaje femenino fuertemente sometido desde la infancia, con un entorno de mayoría masculina, heteropatriarcal y una madre igualmente machista y con la voluntad suprimida. La joven no conoce otra realidad y nunca se le da la opción de conocer gente, salir fuera de su pequeño entorno, estudiar, etc.: antes de cumplir la mayoría de edad se la arroja en brazos de un marido maltratador que sabe mantener las apariencias de puertas afuera y tiene mucho dinero.

La diferencia con la mayoría de libros románticos dirigidos al mismo público es que en este, la mujer es consciente del peligro de su situación, si bien no sabe cómo salir de ella (psicológicamente, esto es totalmente normal y explicable). Es más, gracias a una serie de casualidades tendrá la opción de salvarse y alejar también del peligro a sus hijos. Esto es muy loable. En otros best-seller muy conocidos, la chica siempre perdona, justifica al maltratador, cambia de vida desoyendo los consejos de su entorno, se aleja de su familia y amigos coaccionada por su pareja, etc. Lo que pone los pelos de punta es que estos libros se lean (¡y se disfruten!) como si tal cosa, y que las actitudes aprendidas entre líneas se trasladen al escenario de la vida real y se permitan en las relaciones sentimentales de los lectores, que han aprendido que el machismo es “normal”. Las consecuencias de esto son vidas estigmatizadas para siempre, o un desenlace fatal, ¿cuántas mujeres murieron en España en 2016? En feminicidio.net hablan de 105, también nos recuerdan que el 016 es un número gratuito de ayuda a la mujer maltratada y que no deja huella en la factura telefónica.

El mensaje que quiere transmitir Barbérat es muy pertinente, como vemos: el empoderamiento de la mujer, el rechazo total y absoluto al maltrato machista en todas sus formas, la búsqueda vital de la belleza, la paz y la no violencia, etc. Son las formas lo que dan al traste con tan buenos propósitos. No se puede tomar en serio una novela si parece una de esas fan-fic tan populares en las redes, como decíamos. Recordemos que una ficción de un seguidor o fan-fiction, que es de donde proviene el término, es la historia que escribe un seguidor que en su fantasía literaria llega a conocer a su ídolo y a tener un romance idealizado con él.
En este caso, la casualidad conduce a la joven mujer maltratada a los brazos de un famoso artista (sensible, talentoso, hermoso y dispuesto a ayudarla a salir de su peligrosa situación), las casualidades son tantas y tan forzadas que destrozan por completo una trama ya de por sí inestable.

Un importante aspecto negativo que se deriva de esto es que, si bien la chica tiene opciones para escapar del maltrato, las tiene siempre y cuando pase a depender emocionalmente de otro hombre, y esto es indefendible, por muy perfecto y pacífico que sea el segundo candidato. Es decir, me hubiera gustado que se hubiera apostado con este personaje hasta el final, y tuviéramos una protagonista que fuera cien por cien un ejemplo a seguir, y no se quedara todo en una lucha desvaída por el “sí, pero…”

No me ha gustado el uso del viejo truco psicológico de los capítulos extremadamente breves y simples, que se leen rápido, en absoluto obligan a hacer una lectura pausada y reflexiva, ayudan a pasar páginas muy deprisa y consiguen mantener vivo el interés del lector. La conclusión es que es un libro para personas que leen poco, o que leen mucho y mal, en una comparación con el cine esta sería una novela de serie b.

“Leer cualquier cosa mientras se lea” me parece un error, este tipo de novelas y otras peores pueden configurar muy mal las delicadas mentes en crecimiento de lectores jóvenes, o ayudar a enquistar en sus concepciones insanas sobre las relaciones las mentes más maduras. Creo que sólo se pueden leer siendo muy conscientes de lo que se tiene entre manos, casi como una prueba vívida de lo pueril que es esta sociedad: “El complejo de Telémaco” de Recalcati explica esto muy bien, y antes que a Barbérat aconsejo echarle un vistazo.

martes, 31 de enero de 2017

El sentido del círculo - Manuel Ortuño



Termino de leer “El sentido del círculo” gratamente sorprendida, porque aunque no se trata del tipo de libro que suelo frecuentar, me ha enganchado y entretenido. Al principio me llamó la atención que fuera un libro de crítica social a través del humor absurdo. Sinceramente, si no hubiera habido algo más allá del humor, no creo que lo hubiera empezado. No soy una de esas personas de risa fácil, es más, incluso puede llegar a molestarme ver cómo otras personas se ríen con facilidad por soberanas tonterías. Por no hablar de las risas histéricas, chillonas, estridentes o molestas en general… mejor volvamos al libro.

Es una novela fácil de etiquetar pero se hace difícil describirla un poco más allá. Podría decirse que es el resultado de coger un chiste de Lepe, conformar todo un entramado de novela en torno a él, dotar de consistencia el absurdo, crear todo un pequeño mundo (escenarios, personajes, situaciones y un hilo argumental) girando alrededor de esa idea… y hacer que entre líneas se filtre la crítica social, sin llegar a mencionarla directamente.

Algo que destaca es que está muy bien escrita, y que a pesar de estar publicada en una editorial poco conocida, la presentación física es buena y no tiene muchas erratas (y las que se encuentran no son ortográficas, sino errores de tecleado). Su autor, Manuel Ortuño, ha publicado también poesía y relatos cortos, algo que no sorprende después de leer algunos fragmentos especialmente rítmicos y elaborados que se encuentran salpicados por toda la novela. También me ha gustado que mantenga el pulso narrativo sin flaquear desde el principio hasta el final: sinceramente, aunque es una novela humorística no resulta inoportuna, el trabajo para esbozarla y llevarla a cabo es digno de admiración. Un fragmento:

El cementerio es un inmenso panal humano de planta horizontal que se extiende a las afueras de la ciudad y que ocupa una superficie aún mayor que ésta. Lo pueblan todo tipo de seres extraños, todos ellos inánimes, silenciosos y discretos, todos ellos apáticos, todos ellos muertos. Cuando algo parecido a la vida se escapa por alguna grieta, resquicio o hendidura, la soledad y el silencio que allí imperan se encargan rápidamente de acallarlo o ahuyentarlo a patadas.

Cada capítulo se inicia con una descripción del lugar en el que va a desarrollarse la escena, con un tono similar a este fragmento. Después, el capítulo como tal es una sucesión de disparates encadenados, que adquieren sentido dentro del “universo paralelo” creado en la novela. En ese lugar, tener un reloj que funcione y marque la hora es un suplicio, por eso la aparición de alguien que los rompe a martillazos es todo un acontecimiento, la gente hace cola para que destroce el suyo, le dan las gracias entre lágrimas, etc. Otro detalle es que el sistema del funcionariado no es tan diferente al que todos conocemos, ya que está lleno de sinsentidos y montones de trámites absurdos que no sirven para nada. Sin embargo, las vueltas de tuerca que se le dan a placer dentro de la novela, terminan de convertirlo definitivamente en un compendio de ventanillas y formularios completamente desquiciado.

Otra cosa que me ha gustado es el final, que no desvelaré. Mientras leía, tenía mis dudas acerca del desenlace, porque un mal final podría dar al traste con una novela que me estaba interesando. Pero un buen final, como es el caso, la convierte en una novela amable, en absoluto pretenciosa, que entretiene y que le echa un pulso amistoso a la capacidad de cada lector para dejar que el mundo que conoce dé unos cuantos brincos y piruetas, que todo se descoloque sin que le haga perder los nervios y que, a cambio, se eche unas risas.

A veces dejamos que la realidad se imponga, simplemente por permitir y dar por hecho que las cosas sean como se nos han dicho que son. Quién sabe, quizá existan muchos más absurdos de los que detectamos, y convendría detenerse lo necesario para identificar todo aquello que está mal, salir del círculo y valorar qué está pasando dentro.

viernes, 27 de enero de 2017

Pequeños tratados - Pascal Quignard



Una vez más, en Sexto Piso se encargan de rescatar parte de la prolífica obra de Pascal Quignard en una edición impecable. En este caso, se trata de una obra en dos volúmenes presentada dentro de un pequeño cofre de cartón forrado. Los “Pequeños tratados” proceden de un proyecto artístico que quedó interrumpido en la década de los 70 como explicaremos a continuación, y mantienen la vigencia en los temas que son característicos en el resto de obras del mismo autor.

Muchos conocimos a Pascal Quignard cuando en 2010 se presentaba la magnífica “Butes” a manos de Sexto Piso, una editorial de culto que camina con paso firme. La obra de Quignard se encuentra muy dispersa en multitud de publicaciones diferentes, y en concreto, estos “Pequeños tratados” no estaban disponibles en español hasta el momento. La traducción corre a cargo de Miguel Morey (“Deseo de ser piel roja”) y ese sin duda es un signo de calidad.

Ocho tratados barrocos
Esta obra está concebida como ocho tratados independientes que siguen de alguna manera un hilo común. La idea inicial fue publicar una tirada corta de lujo, que estaría ilustrada por un colega de Quignard, allá por los años 70. Por desgracia, Louis Cordesse, que así se llamaba el artista, murió antes de que el proyecto pudiera llevarse a cabo; una galería de arte publicó los tres primeros tomos y los otros cinco quedaron durante años en el cajón. Es por eso que la obra permaneció en el olvido y una de las pocas ediciones que podían encontrarse hasta ahora era una en francés en dos volúmenes y formato de bolsillo.

Quignard ha publicado en su mayoría obra ensayística, y el formato que nos encontramos aquí es un híbrido que lejos de encajar bajo la etiqueta de “citas filosóficas”, “pensamientos”, “pequeños tratados”, etc., se encuadra más rápidamente en el “estilo Quignard” que podrán reconocer sus lectores más fieles.

No existen lectores profesionales. No existen escritores profesionales. Lo que une a la madre con el hijo no es la relación del maestro con el aprendiz.

Se trata de ideas enlazadas que giran en torno a los temas que más le obsesionan. La escritura, el lenguaje y el silencio son algunas de las piezas clave de las que partir para empezar a comprender su obra, puesto que un trastorno relacionado con el autismo marcó sus años de juventud y la escritura fue la herramienta que le reconcilió con las palabras precisamente por no tener que pronunciarlas en voz alta.

Los límites del lenguaje
Encontramos por ejemplo muchas reflexiones acerca de la música, del origen de las palabras y sus significados bajo enfoques que difícilmente se nos ocurrirían, nos invita a pensar sobre los límites del lenguaje y el poder de los términos que usamos. También, por ejemplo, hay cabida para la historia del libro como objeto capaz de transmitir el lenguaje escrito, el origen de los signos de puntuación, o la relación de los hombres con los libros a través del tiempo, en un alarde de antropología, historia y sociología a la altura de la vasta cultura de este imponente autor.

Resulta difícil describirlo porque él mismo se esfuerza en resultar inaprehensible. Se trata de un virtuoso del lenguaje, un maestro con una cultura tan amplia que resulta abrumadora; alguien capaz de escribir casi sobre cualquier tema, trazar un sinfín de pensamientos errantes cazados al vuelo y no perder interés ni estilo en el intento.

Como referencia, podemos citar algunas de sus obras relacionadas como “El sexo y el espanto” o “El nombre en la punta de la lengua”, en las que también se recrea sobre las cuestiones relativas a lo que sucede antes de nuestro nacimiento y el secreto poder que encierran las palabras, temas que aparecen una y otra vez en sus escritos.

Por qué Quignard es uno de los grandes
Decimos que se trata de un autor genial, inclasificable y esquivo y como tal se refleja en una entrevista transcrita que recogen estos volúmenes: da la total impresión de encontrarse fuera del mundo real que los demás conocemos. Pero sin duda, lo que tenemos entre manos es un estallido de erudición, una cantidad ingente de referencias históricas, lingüísticas, mitológicas, antropológicas, etc., que consiguen dejar al lector exhausto. Por eso recomendamos leerlo en varias sesiones más cortas. Lleva al extremo el hablar con propiedad y es extremadamente cuidadoso en la selección de términos.

—¿Cuando escribe, piensa usted en la totalidad de los libros, en tal o cual biblioteca, en las estanterías en las que sus libros están ordenados?
—Pienso en un tono y una sombra. Y en una mirada que brilla, tal vez, atenta, en el fondo de este silencio. Como un animal que acecha una presa invisible. Y me engaño una y otra vez creyendo que destruyo la estantería a la que usted se refiere. Cuando escribo, me gustaría alimentar una ilusión como ésta: que presto oído al silencio que la lengua despliega por defecto, que renuncio a esta piel impregada de huellas y de sangres retóricas, que abandono la voz engrosada, la misma voz primera que abraza los timbres, las articulaciones y los ritmos convenidos (…)
Pero por encima de todo, es absolutamente lírico, por lo que es una experiencia leerlo. Por eso la traducción en este caso era tan determinante. No es sólo que todo cuanto quede plasmado sobre el papel sea exacto sino que además posea sonoridad y ritmo. Magia. Por eso Quignard es uno de los grandes. Me fascina, y espero haber sabido transmitirlo.

jueves, 26 de enero de 2017

Cinco expresiones que odio



1.- Salir/permanecer en la zona de confort
Creo que no necesita demasiada explicación. Apesta a manual de autoayuda y al escucharlo da la impresión de que quien lo usa no ha viajado demasiado y/o tiene miedo a hacerlo.

2.- (Adjetivo) no, lo siguiente
Alguien que utiliza esta expresión denota un léxico pobre y/o lentitud mental para escoger un término apropiado. A veces incluso se utiliza de forma encadenada (lo siguiente, no: lo siguiente, no: lo siguiente, etc.) y es entonces cuando definitivamente debería ser delito.

3.- “La dije que”, “te le mando”
Los laísmos y leísmos son tan dolorosos para el oído como el grito de una banshee. Tan fácil como identificar qué funciona como complemento directo o indirecto en la frase, para elegir así el pronombre adecuado en cada caso.

4.- “Tienes mala cara, ¿te pasa algo?”
Y tú, ¿tienes algún problema con las habilidades sociales? En serio, los comentarios negativos o las opiniones no solicitadas… ¡guárdatelas! ¡No las digas en voz alta! Es muy desagradable. Estas situaciones suelen traerme a la mente esta frase: “Please don’t disturb, I’m disturbed enough already”, algo así como “por favor, no me molestes, ya estoy lo suficientemente molesto”.
Esto sería extensible a los comentarios (supuestamente) positivos pero provenientes de personas desconocidas, esto es, acoso sexual callejero. Simplemente, NO lo hagas. No hay discusión posible sobre esto. No, nunca, en ningún caso.

5.- “Les quiero compartir; les comparto”
¿Que me compartes a mí...? ¿¡Con quién, con qué!? Una de tantas incorrecciones sudamericanas que se está asentando cada vez más, muy habitual entre bloguers, video bloguers y youtubers. Con lo fácil que es un sencillo “me gustaría compartir con vosotros algo; quiero compartir contigo algo”, etc.

Hay muchas más; por hoy es suficiente.


miércoles, 18 de enero de 2017

"El rey de los trasgos", de Angela Carter (fragmentos)

(...)

Encontré al rey trasgo sentado en un tocón cubierto de hiedra, devanando a todos los pájaros del bosque con un carrete diatónico de sonido, una nota alta, otra baja; una llamada tan dulce y penetrante que acudieron alegremente y a empellones. El claro estaba lleno de hojas secas, algunas de color miel, algunas de color escoria y algunas de color tierra. Él parecía hasta tal punto el espíritu del lugar que no me extrañó que el zorro apoyara el hocico, sin miedo alguno, en su rodilla. La luz marrón del final del día desaguaba en la húmeda y densa tierra; todo en silencio, todo inmóvil, y el frío olía a la noche que ya se acercaba. Cayeron las primeras gotas de una tormenta. En el bosque no hay más refugio que la casita del rey trasgo.
Así fue como entré en la soledad embrujada de pájaros de aquel ser, que encierra a sus cosas aladas en jaulas tejidas con mimbre para que le canten.

(...)

La blanca luna que flota sobre el claro ilumina fríamente la tranquila escena de nuestros abrazos. Qué dulcemente deambulo o, más bien, solía deambular cuando era la hija perfecta de las praderas del verano; pero entonces al año cambió, la luz se volvió más clara y yo vi al delgado rey trasgo, alto como un árbol, con pájaros en las ramas, que me atrajo hacia él con su lazo mágico de música inhumana.
Si encordara ese viejo violín con tu pelo, podríamos bailar juntos al son de la música mientras la exhausta luz del día zozobra entre los árboles; tendríamos mejor música que los agudos cantos nupciales de las alondras apiladas en sus bonitas jaulas mientras el techo cruje por el peso de los pájaros que tú has atraído mientras nos arrojamos a tus misterios profanos bajo las hojas.
Me desviste hasta mi desnudez plena, esa piel de satén aperlada color malva, como un conejo desollado; luego me vuelve a vestir en un abrazo luminoso que me circunda por completo, como si fuera de agua. Y derrama hojas secas sobre mí, como al arroyo en el que me he convertido.













La cámara sangrienta
Angela Carter
2014, Editorial Sexto Piso
Enlace aquí

jueves, 29 de diciembre de 2016

Los libros más especiales de 2016


Los listados de favoritos en esta época son todo un clásico, están por todas partes como los jerseys con copos de nieve, los cupones de lotería no premiados o las luces de navidad. Tratándose de libros, suelen parecerme más interesantes que todo eso, así que ahí va mi aportación.

Ensayo


“El crítico como artista” y “La decadencia de la mentira” de Oscar Wilde. Se trata de una minúscula edición de Austral que recopila artículos de este irlandés inmortal, me interesaba sobre todo la parte en la que defiende la unión entre creación artística y tener un espíritu crítico y desde luego no me defraudó: línea a línea, de principio a fin es delicioso, muy apto para subrayar y releer más de una vez.



"Ética promiscua” y “Opening up”, de D. Easton y J.W. Hardy el primero, y de T. Taormino el segundo, para mí son dos libros que van inevitablemente unidos no solo porque ambos formen parte de la estupenda colección UHF de la editorial Melusina, sino porque uno es la continuación casi perfecta del otro. Tratan el tema de las relaciones abiertas o no convencionales, con todas sus casuísticas pero teniendo siempre presente la ética como filosofía de vida: no hacer daño y tener en cuenta los sentimientos de los demás en todo momento. Están basados en testimonios reales y básicamente derriban barreras socialmente impuestas, algo que ayuda a vivir más tranquilamente sin hacer el capullo ni permitir que nos lo hagan.

“El señor de los anillos y la filosofía” de G. Bassham y E. Bronson, este libro es una joyita para frikis cultos, antes de leerlo resulta indispensable conocer muy bien la obra de JRR Tolkien y tener ciertas nociones de filosofía. Perfecto para refrescar conocimientos, repensar multitud de cuestiones desde nuevas ópticas y también para revivir los momentos mágicos de ESDLA. Tanto la edición grande como de bolsillo son cómodas de leer y perfectamente recomendables. Un regalazo para incondicionales del abuelito Tolkien.<3 3="" p="">


Poesía

“La casa de la cruz” de Isabel García Mellado. Ganadora del premio de poesía Ciudad de Burgos, fue publicado en Visor dándole toda la solemnidad y certificado de calidad a esta tremenda poeta madrileña que ya es un clásico en mis favoritos año tras año. Cada poema suyo es ejemplo de buen hacer y aún mejor gusto poético, parece que crea de nuevo cada palabra que escoge, al cargarla de tantos matices y tanto significado… como si hablara en un idioma ancestral utilizando palabras que todos conocemos: leedla y sabréis a qué me refiero.



“La barca del tiempo” de Cristina Peri Rossi, una autora que acabo de descubrir estos meses y que ya me resulta imprescindible, me gusta que sus poemas transgredan el género poético y sean en muchos casos potentes armas de crítica social, elementos reivindicativos de cuestiones de género y sexualidad, etc., sin perder de vista otros temas más clásicos en literatura (la soledad, los viajes, la pobreza, etc.) Inútil ponerse a buscar eufemismos en sus versos, lo que abundan son grandes verdades que no por radicales pierden dulzura en las formas.


“Best-loved” de W.B. Yeats, una antología maravillosamente bien editada que me devuelve los recuerdos de una ruta literaria por el oeste de Irlanda hace unos meses, visitando los lugares feéricos que inspiraron a Yeats pero que también conocieron los primeros pasos de otros de mis ídolos como Bram Stoker u Oscar Wilde.





Novela
“Tu amor es infinito” de Maria Peura, el debut impecable de esta joven autora finlandesa, que consigue tratar el tema del acoso infantil con unas metáforas muy potentes y una prosa lírica impecable. Plantea el eterno dilema maldad/enfermedad mental y hace que seamos más sensibles y empáticos con este tema.





“Acuario” de David Vann, siempre digo que una novedad de este autor es una buena noticia y sé que me repito, pero en este caso tampoco me defraudó en absoluto y disfruté mucho con una nueva entrega de familia desestructurada y prosa delicada y perfecta. Las referencias marinas supusieron un añadido estupendo que no esperaba y que disfruté como una enana. Soy feliz con muy poco.



“Cómeme” de Agnès Desarthe, una novela culinaria que cuenta la aventura emprendedora de una gran mujer, un personaje bellamente dibujado que es la personificación de la resiliencia. Caos, torpeza y ternura que dan lugar a un pequeño restaurante que desearíamos que estuviera situado junto a nuestro portal para poder disfrutarlo a menudo. Edición y traducción también son tan impecables como la trama, estoy muy agradecida a Baile del Sol por proponerme su lectura, fue todo un hallazgo descubrirlo.

Hay un libro más que leí pero del que todavía no puedo hablaros, se trata de la primera novela de alguien de mi entorno más cercano, es una ilusión y un honor vivir el proceso desde tan cerca, tanto la parte creativa todo este tiempo y ahora la gestación editorial: cuando se publique dentro de unos meses lo anunciaré por aquí con toda la fiesta y todo el estruendo del que sea capaz.

Ha sido otro año más de lecturas especialmente nutritivas, los libros son una de esas pocas constantes en mi vida que nunca me defraudan. Sin embargo, para hacer balance de última hora no es suficiente preguntarse qué te ha parecido 2016, sino qué crees que pensaría 2016 acerca de ti.

Besos y gracias a todxs por leer mis reseñas y devaneos.
Mar



miércoles, 21 de diciembre de 2016

La barca del tiempo - Cristina Peri Rossi



“La barca del tiempo” es una antología que recorre la prolífica obra de esta gran autora uruguaya, Cristina Peri Rossi. En orden cronológico, tenemos una selección de poemas extraídos de sus libros, los más antiguos publicados en el año 1971 en su famoso “Evohé” hasta los más recientes que datan de 2015. Más o menos representativos de su obra, todos ellos sorprendentes y de una innegable calidad literaria.

Tanto para lectores fieles que quieran volver a deleitarse entre sus versos, como para lectores curiosos que se acerquen por primera vez a esta autora a la que seguro han oído nombrar, “La barca del tiempo” es una joya editada con esmero. La selección de textos y el prólogo corren a cargo de la experta en la obra de Peri Rossi, Lil Castagnet, con un resultado admirable: una panorámica en alta definición sobre su obra.


Un viaje a través de las obsesiones
Este tipo de antologías son perfectas para comprender de un vistazo y a rasgos generales la esencia de la obra de un poeta. Todos los poemarios tienen sus luces y sus sombras, sus textos a la larga prescindibles, en cualquier caso no todos a la altura de ser escogidos para representar a su autor en una futura antología. Así pues, “La barca del tiempo” es una selección que recoge los puntos fuertes de Peri Rossi: tanto su buen quehacer literario como sus temas recurrentes, que de esta forma podemos identificar muy fácilmente.

Para empezar, sus poemas son representativos de la teoría feminista, ya que las reivindicaciones a las costumbres heteropatriarcales de la sociedad se encuentran en muchos de sus versos, siempre con las pinceladas de ironía y humor que reflejan también el carácter de su autora, pero con la suficiente fuerza e indignación como para que el mensaje llegue al lector sin perder la responsabilidad y seriedad que conlleva.

Descubrir de pronto que Dios
es una diosa

También se trata de poesía lésbica sin sutilezas ni eufemismos. En este sentido, es innegable que la autora utiliza la poesía como una herramienta que le resulta perfecta para honrar el cuerpo femenino al que adora, una oda entre páginas que comienza entre las sábanas. Para que no quede ningún lugar a dudas, tenemos incluso poemas en los que muestra su desagrado hacia la biología masculina. La escritura y el erotismo son dos conceptos que funcionan tan bien juntos como demuestran sus versos.

GENEALOGÍA (Safo, V. Woolf y otras) 
dulces antepasadas mías
ahogadas en el mar
o suicidas en jardines imaginarios
encerradas en castillos de muros lilas
y arrogantes
espléndidas en su desafío
a la biología elemental
que hace de una mujer una paridora
antes de ser en realidad una mujer
soberbias en su soledad
y en el pequeño escándalo de sus vidas
Tienen lugar en el herbolario
junto a ejemplares raros
de diversa nervadura

El mismo reflejo en un espejo ajeno
Cristina Peri Rossi es una de esas poetas con las que resulta muy sencillo empatizar. La conexión se lleva a cabo desde el principio. La poesía muchas veces tiene esa magia, nos sorprendemos reconociéndonos de alguna manera en las palabras que vamos leyendo mientras insertamos nuestras vivencias personales entre los huecos de papel en blanco.

Cristina Peri Rossi se muestra feminista y lesbiana pero también sacrílega, atrevida, descarada, divertida, sugerente, amante del arte en todas sus formas, pero destacando por encima de todo el arte pictórico y la literatura. Sus poemas están repletos de referencias a los escritores cuyos versos más tarde han dado forma a los suyos. Cuando conectamos con un autor es muy interesante buscar a la vez sus fuentes, no siempre confesas, en este caso es facilísimo y si un libro siempre nos lleva a otro, Peri Rossi nos brinda decenas de opciones para seguir disfrutando de la lectura.

Cualquier metáfora que erija
como un vestido sobre la epidermis
será artificio.

Los temas recurrentes y sus obsesiones van variando con el tiempo (eso sí: lo esencial se mantiene inalterable). El exilio, los viajes, el desapego por lo material, la pobreza, las mujeres, la violencia del sistema, la intrínseca soledad del ser humano. Sobre este último punto, es difícil explicar cómo una melancolía cansada y silenciosa recorre todos los versos. En un momento dado (los poemas tienden a ser muy narrativos) la autora confiesa que si bien ella misma se compone de todos los libros que le han dado forma, y que desde muy joven prefería comprar libros a comprarse zapatos por ejemplo, desde su perspectiva actual resume que “para qué maldita cosa / servía haber leído todo eso / más que para saber que la vida es triste / cosa que hubiera podido saber sin necesidad de leerlos”. 

En 1972, la autora se exilió y en Uruguay fueron prohibidos todos sus libros, su trayectoria personal es tremendamente difícil y traumática, y se filtra sin parar entre sus versos. Esa vida de rupturas y supervivencia sin duda da forma a su obra.

Sobrevivir también es una nostalgia
de no haber muerto todavía.

La emoción late con fuerza durante todo el recorrido: melancólica o nostálgica, traviesa o empoderante, siempre consciente y palpable. El resultado son poemas inolvidables. Es un honor recomendarla, “te llamaré por mi nombre  / y tú contestarás”; si la leen, vuelvan para decirme si pudieron evitar leerla en voz muy alta.

martes, 29 de noviembre de 2016

La luz impronunciable – Ernesto Kavi



“La luz impronunciable” es un librito muy corto, casi reducido a la mínima expresión de un poemario. Tiene 126 páginas, pero que están plagadas de blancos y de silencios, de páginas que tan solo contienen citas o el título de cada uno de los cantos que lo conforman. Es como un suspiro. Uno de esos suspiros tan cargados que contienen al mundo entero, puesto que en conjunto, es extremadamente sugerente.

Ernesto Kavi, quien se ha encargado de la traducción al español de un buen puñado de títulos editados por Sexto Piso, se presenta ahora como poeta a cargo de la misma editorial. Procede de Ciudad de México, estudió Literatura, Filosofía e Historia del Arte en universidades mexicanas y europeas, y ha vivido en multitud de ciudades diferentes en varios países. Este es su debut como autor.

Pequeños rasgos de originalidad
Este libro contiene elementos innovadores y originales, como por ejemplo la utilización de un pequeño fragmento de partitura de Bach a modo de cita previa a uno de los cantos, por qué no. El hilo argumental gira en torno a la idea de la fugacidad de la vida, desde un punto de vista mayoritariamente pesimista, aunque también hay lugar para la esperanza y la luz (la luz impronunciable). El sentimiento de desolación es lo que atraviesa en mayor medida los poemas, mientras el poeta medita en busca del sentido de la vida y la razón de la existencia del ser humano.

La continua presencia de la luz es altamente significativa en este poemario, ya que es la encargada de iluminarlo todo mientras el poeta lo observa y lo somete a examen en busca de conclusiones válidas: analiza el ciclo de la vida, la alegría, la sabiduría, la bondad, el amor, etc., y todos sus contrarios, dando lugar a una serie de poemas que en conjunto se me antojan un tanto agridulces. A veces parece decirnos que uno se acaba convirtiendo en aquello que persigue; otras, se muestra desolado, derrotado ante la imposibilidad de seguir adelante mientras no encuentre respuestas; pero otras, también, encuentra el sosiego en el amor, si bien es cierto que se centra en el amor de pareja y esa es una idea un tanto dependiente y poco amable.

Que crezcan lentamente
las palabras
bajo la luz
bajo la gracia
O mejor callar
mejor la nada
Tantas bocas
se alimentan de tu bien,
y tú, ¿qué conservas?
sólo la luz
sólo la oscura guirnalda de las letras

Yves Bonnefoy
Transcribo aquí un fragmento de la introducción de Yves Bonnefoy para este libro: Las palabras de la poesía son creadoras de un mundo infinitamente concreto, necesariamente natural, donde el poeta quiere vivir. Me parece una forma preciosa de expresar una idea que además es completamente cierta: cuando la poesía es de verdad, las palabras no sólo son el lugar donde el poeta reside (o una gran parte de sí mismo lo hace) sino que son el medio para dar forma a aquello que ha vivido y sentido de alguna manera (real o imaginada, pero igualmente cierta).

Resulta chocante, si se estudia el libro con atención, que el prólogo de Yves Bonnefoy esté fechado en el mes de mayo de este mismo año y que sin embargo el libro esté dedicado a su memoria: una búsqueda rápida en Internet nos confirma las sospechas: Bonnefoy, escritor francés y buen amigo del poeta, murió en el mes de julio, hace apenas unos meses. A modo de curiosidad, en la misma editorial tenemos un título de este autor procedente de 2013, “El territorio interior”.

La vida a examen
La disposición de algunos poemas no siguen siempre el orden vertical habitual, sino que se derraman a veces de forma caprichosa por las páginas, esto da lugar a una maquetación original que sin embargo ya viene siendo utilizada por otras editoriales y otros poetas desde hace tiempo: pero consiguen el efecto deseado, provocar una sensación de rapidez y movimiento, de forma que es fácil imaginar al poeta observando a su alrededor en diferentes direcciones captando conceptos. Esa vertiginosidad ayuda también a transmitir la idea de la fugacidad del tiempo, que es uno de las ideas clave sobre las que se conforma este poemario: la idea de que una vez transcurrido el tiempo suficiente, todo y todos estamos conminados a desaparecer.

Las ideas que se deprenden de la lectura de “La luz impronunciable” son variadas, y como siempre están sujetas al juicio del lector que las aprecia, al momento en que se da lugar la lectura, etc. Me gustaría resaltar dos aspectos principales. Por un lado, el hecho de que todo, incluso las cosas que menos nos agradan, pueden ser descritas con palabras dulces. Por otro, la enseñanza de que es necesario disfrutar del presente de forma sana y positiva sin necesidad de anticipar problemas que a lo mejor ni siquiera van a llegar, puesto que en este caso el poeta sufre continuamente porque se mantiene en una visión demasiado derrotista de la vida, centrada tan solo en las partes negativas de la existencia.

Ernesto Kavi se nos antoja aquí un pequeño ser humano luchando contra los elementos, o contra los monstruos de desolación que pueblan su cabeza. Es fácil empatizar con este sentimiento (mientras no nos dejemos arrastrar por él) puesto que todos nos hemos sentido así alguna vez, sobre todo cuando las cosas no terminaron como queríamos.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Tartufo el impostor - Molière


Habitualmente recomiendo lecturas, en este caso será un poco diferente, pero no tanto. Lean a Molière, claro que sí. Pero el Tartufo se estrenó en 1664, hace tanto tiempo que desentrañar el argumento ya ni siquiera se puede considerar spoiler. En cualquier caso, no contaré el final, prefiero recomendar la obra de teatro que se estrena hoy en el teatro Fernán Gómez (Centro Cultural de la Villa) en Madrid, y que sea la compañía Venezia Teatro la que les cuente el resto.

Ayer tuve la gran suerte de acudir al preestreno de esta obra, y me impresionó tanto, tanto, que salí de allí emocionada, inspirada, llena de energía y por supuesto con unas ganas locas de repetir la experiencia y de compartirla con todos los que se cruzaran en mi camino.

Suele decir el actor y vlogger mexicano Alan Estrada que una entrada para el teatro o un billete de avión (tren, bus, etc.) son pases que siempre te aseguran una experiencia, y es cierto. También es habitual escuchar que el buen teatro es aquel capaz de modificar algo de ti mismo, de forma que salgas de la sala habiendo cambiado un poco, con la capacidad mejorada de cuestionarte el mundo o habiendo aprendido a mirar desde otro lugar, ya sea fuera o dentro de ti mismo.

Venezia Teatro ha adaptado Tartufo con tanto acierto que ha conseguido crear una suerte de poderosa magia que trasciende el escenario y golpea al público. Durante los primeros minutos Vicente León, encarnando a Madame Pernelle, se mete al público en el bolsillo, podría decirse que literalmente. Se come al personaje, resplandece y hace brillar al resto del reparto, establece el altísimo nivel de calidad que vamos a disfrutar en lo sucesivo. Cuando reaparece lo hace transformado en Orgón y así lo veremos hasta el final de la obra.

En este punto estábamos ya todos con la boca abierta. Poco a poco fuimos disfrutando de las intervenciones del resto del reparto, ninguna defrauda, están todos perfectos, se perciben muy bien conectados entre ellos y muy cómodos. En cada momento se podría pulsar "pause" y la escena sería una postal perfecta. Brilla Marian Aguilera como Elmira, la segunda y joven esposa de Orgón. Poderosa, madura, sabia, tan brillante como una súper heroína y tan seductora como una actriz de los años veinte.

Brilla también Esther Isla, como la sirvienta de la casa de Orgón: tiene la suficiente confianza con la familia como para intervenir en sus asuntos personales y es amiga de Mariana, hija de Orgón, y de la ya citada Elmira. Esther tiene tablas, desparpajo, energía y tanta, tanta gracia que en todo momento tiene al público deseoso de su próxima intervención para estallar de risa. Pero también tiene la capacidad de conmover, lo cierto es que su personaje, aunque todos lo son, es tan rico en matices y redondo y complejo como el ser humano lo es.

Null García e Ignacio Jiménez dan vida a Mariana (hija de Orgón, a quien éste quiere casar con su íntimo amigo el estafador Tartufo) y Valerio, la pareja de amantes y prometidos cuya inminente boda peligra por la aparición de Tartufo en la familia.


Por fin, la aparición que todos esperábamos, la entrada de Rubén Ochandiano devenido en Tartufo. Es el personaje principal y que da título a la obra y sin embargo es el gran odiado: sólo Orgón está engañado, el reparto y los espectadores saben que se trata de un embustero, un embaucador que se aprovecha de la generosidad sin límites de Orgón para conseguir quitarle todo lo que tiene. Y sin embargo, nos hace dudar. Nos hace dudar, maldita sea. Si alguna vez han estado ante un encantador de serpientes, un prestidigitador de la palabra, alguien hermoso por fuera y podrido por dentro que te sonríe mientras te tiende la mano y hace lo increíble por que no te des cuenta de que su aliento está podrido mientras te habla, entonces sabrán de lo que hablo. Tartufo es exactamente eso.

Ochandiano lleva el increíble vestuario de la obra a otro nivel. Un sobretodo medieval, granate y aterciopelado con una cruceta en la espalda que combina a la perfección con unos pantalones negros rajados a la altura de las rodillas, una simbiosis perfecta entre el siglo XVII y el XXI que instantáneamente se nos antoja un vampiro salido de una de las novelas de Anne Rice. Es imposible no adorar su influjo mientras despreciamos su vileza. Es sublime.

La adaptación del texto, a cargo de Pedro Villora y dirigida por José Gómez-Friha, ha recortado personajes sin perder en absoluto la esencia de la obra, también ha intercalado elementos modernos que la acercan a los ciudadanos urbanitas de 2016 con guiños salpicados muy oportunos (Tartufo fuma en un vapeador, saca fotos con su móvil o pincha música en una tablet; Mariana hace referencia a su contrato indefinido y Valerio en un arranque de valentía se nos muestra con una camiseta de súper héroe, etc.) También es muy de agradecer las interactuaciones puntuales que tienen los actores tanto con el público como con el espacio del que disponen. Pero no contaré más, les mantendré en vilo, como se sentirán una vez sentados en la sala y se enciendan las luces, con la sonrisa temblando entre los labios, esto es teatro de verdad, vayan y vean.

lunes, 14 de noviembre de 2016

"El molino de sal del diablo"



La madre del diablo, la vieja Magog, estaba un poquito disgustada porque su hijo, el diablo en persona, se encontraba dando vueltas alrededor del horno del infierno. Se encontraba trasteando con el horno, y cogía una cosa de aquí y otra de allá. Su madre se dio cuenta de que había algo que le preocupaba. A la vieja Magog, que quería a su hijo muchísimo, le disgustaba mucho todo aquello, así que le dijo:
—¿Qué es lo que te pasa, muchacho? Chico, es que no me dejas tranquila ni un momento, es que no paras. Te pasas todo el rato con el horno: remueves el fuego y no paras de coger cosas y de tirarlas al suelo. ¿Qué es lo que te preocupa?
—Madre, soy un desgraciado —le dijo.
—¿Y por qué te sientes tan desgraciado, hijo?
—Desde que llegó la última alma a la que atormentar han pasado varias semanas. Y ya estoy harto de martirizar a las mismas almas de siempre. Ya no me produce ningún placer. Solo podría volver a ser feliz con almas nuevas: con gente a quien nunca antes se haya sometido a tormento.
Y como quería ayudar a su hijo, su anciana madre se puso a pensar y a pensar. Sabía que allí fuera, en la tierra, había cientos de almas. Los humanos no se estaban muriendo tan rápidamente como de costumbre, y esto hacía que el diablo se sintiera muy infeliz. Su madre anduvo mirando en todas las cavernas del infierno. Allí siempre había encendida una gran hoguera, y encerrados en jaulas se encontraban todos los diablillos. Desde las jaulas miraban hacia afuera, y sus rostros y uñas eran horribles. Estaban atrapados en el infierno para atormentar a las almas que llegaban procedentes de la tierra.
La madre del diablo se dijo: “Me gustaría ayudar a mi muchacho. No es feliz, y si no le ayudo, se acabará marchando. Pasarán semanas, y luego meses, pero él no volverá. Y cuando él no está, yo me pongo triste.”
En aquel momento fue cuando alzó la vista hacia una estantería hecha de piedra, junto a la caverna de la chimenea del infierno. Sobre ella se asentaba un molinillo: la posesión favorita del diablo. Su madre no sabía de dónde lo había sacado. Era un molino de sal, y cuando el diablo se sentía solo o triste, se colocaba el pequeño molino de sal sobre la rodilla, lo acariciaba y luego lo volvía a colocar en la estantería. Su madre sabía que a su hijo le encantaba, pero no tenía ni idea de dónde lo había sacado. Lo que sí sabía era que, si quería hacer a su hijo feliz, tenía que conseguir unas cuantas almas a las que poder atormentar: gente que fuera al infierno por causar problemas en la tierra.
Así que se echó el chal sobre los hombros y se acercó al lugar en el que estaba el molino. El diablo se encontraba ocupado removiendo el fuego y dándole la vuelta a los carbones de la hoguera. ¡Y ella agarró a toda prisa el molinillo de la sal! Se lo puso debajo de su viejo chal negro, un chal de miles de años de antigüedad, y se dijo: “Si necesita algo, tendré que ayudarle a conseguirlo”.
Y entonces la vieja Magog se marchó del infierno y subió desde las profundidades de él hasta la tierra.

(…)

—¿Podemos tener algo de sal para la cena?
—¡Ah, capitán! —respondió el cocinero-. Te pido perdón. Olvidamos la sal, y ya no queda ni una pizca en todo el barco.
—Pues no podemos comer sin sal —dijo el mercader.
Y a continuación dijo:
—Esperad un momento, tengo algo que me dio una anciana. Y me dijo que lo único que tenía que hacer para tener sal era pedírsela.
Se dirigió a su camarote y cogió el precioso molinillo. Era de madera y tenía una rueda en la parte trasera. Lo colocó sobre la mesa y, delante de los marineros, del cocinero y de todos los demás, dijo:
—Aquella anciana me contó que lo único que tenemos que hacer es “pedirle sal”.
Todos se miraron unos a otros y dijeron:
—¿Cómo se puede conseguir sal haciendo solo eso?
El mercader preguntó:
—¿Nos puedes dar algo de sal?
Y en aquel mismo momento la ruedecita empezó a girar. La sal empezó a salir y a salir sin parar: llenó la mesa y el suelo. A continuación llenó la bodega, los camarotes y todo lo demás. El molino continuó funcionando sin detenerse, hasta que el mercader y los marineros quedaron cubiertos de sal hasta la cintura.
—¡Para, páralo! ¡Detenlo! —gritaban.
Pero no había manera de detenerlo. El molino continuó produciendo sal y más sal, hasta que muy pronto todo el barco estuvo cubierto: la bodega, los camarotes, la cabina de mando… ¡Todo el barco se llenó de sal, todo! Pasó un día, y en el infierno dijo el diablo:
—Madre, te queda solo un día más para devolverme el molino de sal.
La vieja Magog se frotaba las manos de regocijo, mientras decía:
—¡Sí, tú dame otro día!
Llegó un momento en que el molino produjo tanta sal que el barco no pudo soportar el peso de un grano más. Y como es natural, se hundió el barco en el mar con los treinta y tres marineros, el mercader y el molino de sal. Todo acabó sepultado en el fondo del mar. Y en el infierno el diablo se llevó una gran sorpresa, ¡cuando vio aparecer a treinta y tres marineros y un mercader! El diablo miró a su alrededor y dijo:
—¡Madre, tenemos visita!
—Sí, hijo, tienes visita —le respondió—. Se trata de unos marineros y un malvado mercader. Y estoy segura de que, durante unos cuantos días, serás muy feliz con ellos.
—Madre, ¿y qué hay de mi molino de sal? —le preguntó el diablo.
—Pues hijo, yo le di el molino de sal al mercader, y este se lo llevó a bordo. Pidió sal allí… y tu molino hizo que el barco se hundiera en el fondo del mar. Es por eso por lo que tienes aquí a treinta y tres marineros, sin contar al mercader. ¿Es que esto no te mantendrá feliz durante un tiempo?
—Pero, madre —le dijo—, ¿y qué pasa con el molino?
—Hijo, el molino está en el fondo del mar, y allí se quedará girando hasta que llegue su hora.
El diablo sonrió a su anciana madre.
—Está bien, madre—le dijo—, por el momento me olvidaré del molino de sal. Aún lo tengo en la cabeza, pero, con los treinta y tres marineros y el mercader, seré feliz durante algún tiempo.
Mientras tanto, el molino de sal siguió girando en el fondo del mar, y aún lo hace. Y esta es la razón por la que el agua del mar es tan salada y por la que al mar se le llama: ¡el charco en el que rema el diablo!

Duncan Williamson
La bruja del mar y otros cuentos de los hojalateros escoceses
Ed. Calambur

Ficha del libro en la web de la editorial, aquí

lunes, 24 de octubre de 2016

Diccionario Sampedro



Se cumplen ya tres años de la irreparable pérdida de José Luis Sampedro (1917-2013), literato, docente, economista y miembro de la Real Academia Española que legó una obra prolija y multidisciplinar en la que su preocupación por el ser humano se aprecia desde una perspectiva múltiple.

Sus herederos han seleccionado una recopilación de textos que definen de forma resumida algunos de los conceptos clave de su obra. Así, un paseo por este “diccionario” sería algo similar a coger al azar sus obras y curiosear entre aquellos fragmentos que otros han subrayado durante su lectura.

Sampedro comprimido
Este volumen encierra las claves principales de la obra del maestro Sampedro, y se presenta bajo una sucesión de 50 términos ordenados alfabéticamente (Agua, Alma, Amistad, Amor, Androginia… y así sucesivamente, hasta llegar al último, Violencia). En cada uno de los apartados, encontramos una selección de citas bibliográficas donde se desarrolla cada uno de los términos en cuestión, de una forma más o menos directa. Los textos proceden tanto de sus novelas como de sus ensayos económicos, charlas y conferencias transcritas, etc.

Así pues, este libro es adecuado para quienes quieran adentrarse de una forma suave en el pensamiento de Sampedro, pero también para sus lectores más incondicionales, puesto que también ellos encontrarán  algunos textos de origen más inaccesible que a lo mejor no conocían. En cualquier caso, es uno de esos libros que conviene tener cerca para poder consultar en un momento dado la opinión de un hombre sabio sobre algún aspecto que nos preocupe o nos interese.

Lucidez y sabiduría
Tal y como se nos indica en este libro, la figura de Sampedro es una de las más respetadas y queridas de la historia reciente de España; y no es para menos. Ha quedado plasmado en su obra y lo transmitía cada vez que hablaba: no sólo se trataba de una persona extremadamente inteligente, formada y muy culta, sino que (y esto es lo que hace que definitivamente brille) era un hombre profundamente bueno. El cariño y la empatía que emanaban de su mirada, son difíciles de explicar con palabras.

Muchos de los términos que aparecen en este “diccionario” se centran en la preocupación de Sampedro por la igualdad, por la importancia de ser quien cada uno realmente es, sin importar las convenciones sociales de cada entorno. Por ejemplo, fue el creador de un término, “Ipsoterapia”, sobre el que merece la pena detenerse: significa ayudar a cada cual a vivir de acuerdo con su ser auténtico y su derecho a realizarse, sin más restricciones que el respeto a los demás.

Sampedro sostenía que los prejuicios y el entorno entorpecían el desarrollo personal de los individuos, y que por eso en muchas ocasiones se complica vivir una vida satisfactoria y plena. También señalaba a las imposiciones morales y religiosas como piedras represoras en el camino de las personas, ya que no sólo entorpecen el progreso, sino también la libre elección de los límites de forma personal por cada individuo, dando por hecho que no se pueden contemplar como aberrantes hechos que existen y se dan en la naturaleza, y que lo que insisten en llamar pecados no es más que la vida misma.

En este sentido, novelas inolvidables como “La vieja sirena” y “El amante lesbiano” son grandes cantos a la libertad individual transgrediendo todos los límites y derribando todas las barreras que la sociedad impone, y viviendo plenamente con el único precepto de no hacer jamás daño a nadie. Leerlos, sin ninguna duda, ayuda a respirar mucho más profundo.

Cuando decimos que “el tiempo es oro”, que es como decir “el dinero es la medida de todas las cosas”, estamos reduciendo todo a lo que da el oro, al dinero, a términos económicos. El tiempo no es oro, el tiempo es vida. Y reducir el tiempo a dinero, es reducir vida a dinero. Equivale a decir “lo que no da el dinero, lo que no vale dinero, no importa, no es vida”, lo cual es un reduccionismo economicista absolutamente aberrante; es confundir una economía de mercado con una sociedad de mercado. Vivimos en una sociedad que da valor a lo que tiene precio en el mercado y no valora lo que no lo tiene.
No soy enemigo del mercado, soy enemigo de que se mercantilice toda la vida humana.
José Luis Sampedro, maestro.

sábado, 22 de octubre de 2016

Un mal sueño recurrente


Instantes en los que la realidad
     | se paraliza |
resulta imposible reaccionar
regresan, como un mal sueño recurrente
como un mantra repetido
desde la noche de los tiempos
como un soplo de aire ártico en Svalbart
como una noche en la isla de magia negra de Ambrym

Así es como el corazón
que latía a ritmo de poema
se convierte en uno más
dibuja sus condolencias
con un rastro sucio
de hojarasca y lluvia seca

El desasosiego amenaza a dentelladas
me alejo acunando una piraña entre mis brazos
apaciguando a la tormenta que vendrá
mordiendo lágrimas con sabor a hierro
y maldiciendo porque otra vez
hace un frío horrible
en ese punto exacto del estómago

Qué pudo salir mal si caminaba
con una ofrenda de pan entre mis manos
pronunciando una por una las palabras adecuadas
no hice preguntas, acaté las normas que regían
prendí risas infantiles como abalorios por el pelo

Pero algo cayó desde muy alto
y nadie pudo oír cómo se rompía
no explicaron nunca qué pasó
no sé si fui culpable
desde entonces siempre sueño que resbalo




Del texto y la fotografía: 
© Todos los derechos reservados - Mar López, 2016 

miércoles, 5 de octubre de 2016

Cómeme - Agnès Desarthe



La obra de Agnès Desarthe se encuentra muy dispersa entre varias editoriales en España: desde el año 2000, sellos como Random, Luis Vives o Corimbo han publicado algunos de sus títulos traducidos. En esta ocasión, Baile del Sol se suma a esta estela para darnos a conocer este título que vio la luz por primera vez en su idioma original en 2006. La obra de Desarthe está dirigida principalmente al público infantil, también traduce libros de otros autores y de forma más puntual también ha experimentado con el género ensayístico.

“Cómeme” es un sugerente título que hace referencia a la etiqueta de los famosos pastelillos con grosella de la Alicia de Lewis Carrol, una referencia literaria que en esta novela se utiliza para narrar el sentimiento humano de sentirte demasiado grande o demasiado pequeño frente a las situaciones del día a día. Además, la protagonista da un gran paso en su vida abriendo un restaurante, por lo que las alusiones gastronómicas del título, metafóricas y literales, son múltiples y resulta divertido advertirlas.

Myriam o cómo sacar fuerzas de flaqueza
Agnès Desarthe tiene un don. Esta novela es una minuciosa exploración de la personalidad caótica y compleja de Myriam, una mujer de mediana edad que es la personificación de la resiliencia, una superviviente a la que su pasado le persigue de cerca cada mañana para clavarle los colmillos del recuerdo.

Myriam nos es presentada en el momento en el que parece que ya no le queda nada que perder y quizá por ello decide hacer una locura para que su vida recobre el sentido: falsifica la documentación necesaria para que le concedan un crédito con el que iniciar su propio negocio, y este valiente y divertido gesto ya nos coloca ante un personaje cargado de recursos para burlar las cuchilladas del capitalismo, una mujer que sobrevive con lo puesto y que parece necesitar sólo el aire justo en los pulmones para tomar impulso y tirarse de cabeza hacia su futuro.

Por todo esto, las peripecias de Myriam suponen un ejemplo para los lectores que se acerquen hasta sus páginas. Además, la traducción de Iballa López Hernández es impecable, y hace posible que “Cómeme” se lea con una fluidez y una delicadeza que son el marco perfecto para una historia tan lírica, estimulante y agridulce como ésta.

Bébeme, rezaba la etiqueta del frasco de Alicia. La niña bebió y, como un telescopio que se repliega, notó que encogía. Cómeme, ponía en la galleta, Alicia comió y se estiró hasta alcanzar el tamaño de un abedul. Demasiado pequeña o demasiado grande, mi vida no guarda la proporción debida y nunca estoy a la altura de lo que decido hacer. Cuánto me gustaría recobrar mi tamaño original, el tamaño que me permitiría meterme en el guante del día y no sentir que me está grande ni estrecho.

Indigestión, ¿qué es eso?
Una crítica al respecto de “Cómeme” afirmaba que era un bocado tan delicioso como indigesto, esto aparece en la faja publicitaria de libro y creo que la editorial se ha hecho un flaco favor eligiendo ese fragmento que no es totalmente positivo, es contradictorio y además no estoy de acuerdo con el término “indigesto”: para nada se sentirá mal el lector que se acerque hasta estas páginas.

Hay libros que tienen la capacidad de revolver los estómagos más delicados e incluso algunos recios, se me ocurren “Carmilla” de Le Fanu o “Y el asno vio al ángel” de Nick Cave, entre tantos otros. Pero “Cómeme” precisamente tiene la facultad de dibujar sonrisas en la cara de quienes lo leen, es extraordinariamente sencillo empatizar con su protagonista desde el primer instante, admirar su fuerza y lamentar sus pesadillas, alegrarse por sus logros, etc.

Existen otros personajes en la novela, un pequeño puñado de preciosas personas que aparecen como salidos de la nada para acompañar a Myriam en el tramo de camino del que somos espectadores. Aunque sus personalidades no están en absoluto tan desarrolladas como la de la protagonista (a la que Desarthe se ha esmerado en dibujar para nosotros con todo lujo de detalles), sí resultan muy interesantes porque se trata ante todo de personas buenas, con sus propias circunstancias pero siempre con rasgos que los excluyen de alguna manera del grueso de la sociedad.

¿Acaso no ve la marca en mi frente, el estigma de la mujer con un corazón de piedra?

Los fantasmas pisándote los talones
Asistimos al momento en que Myriam se reinventa a sí misma sacando fuerzas de flaqueza, como ya he explicado. Pero no sabemos hasta más tarde de qué recuerdos huye, qué fantasmas la persiguen. No sabemos si es algo a lo que podrá sobreponerse, si se trata de una situación solucionable, si es quizá Myriam una delincuente, si es inocente o es culpable.

¿Qué pasó? Eso es algo que tendrá que descubrir cada lector: mientras avanza la trama, se van dando pequeñas pistas. De este modo, Agnès Desarthe teje sabiamente los hilos: por un lado, el presente que poco a poco avanza, por otro el pasado que al mismo tiempo se desvela. Se trata de una solución técnicamente muy inteligente para contar la historia, que mantiene aún más atrapado al lector que una narración lineal convencional.

Se atreve además a explorar un tema controvertido cuando detalla lo que sucedió hace años, algo que pondrá al lector contra las cuerdas de su propia ética y le hará situarse a favor o en contra de todos los personajes implicados. Finalmente, regala un final quizá un tanto previsible y esperado, pero igualmente emocionante.

Su inteligencia me fascina tanto como la ausencia de ruido en el cosmos.

Myriam resulta ser una mujer alocada pero llena de vida y energía, una de esas personas que resultan encantadoras por su forma original de apreciar los pequeños detalles, alguien que de forma innata sabe elegir el marco perfecto para cada foto, o decir la palabra exacta para conseguir que te sientas a su lado como en casa.

“Cómeme” es tan humano que devorarlo es casi un acto de canibalismo, un hallazgo que brilla con luz propia y que resulta una lectura perfecta para hincarle el diente incluso sin necesidad sin tener hambre.


martes, 27 de septiembre de 2016

Ayer - Agota Kristof



La dependencia emocional crea monstruos. Quien la sufrió lo sabe. Y si es enfermizo sufrir dependencia de otra persona y basar en ella todo lo que creemos que nos reporta felicidad, mucho peor puede ser depender de una idea, o de una persona imaginaria: esperar a que aparezca alguien gemelo a nuestra imagen soñada y mientras tanto vivir una existencia triste y anodina, dejándose llevar por la inercia gris del día a día.

Solo el viento puede ahuyentar al miedo.

“Ayer”, la virguería literaria de la que quiero hablar hoy, trata de una de esas vidas marcadas por la violencia y la pobreza que apenas consigue progresar en la rueda hostil del capitalismo, huyendo de su país y recibiendo las dentelladas de la pobreza del obrero y la xenofobia de los locales.

La madre sigue escribiendo a la dirección de Vera y le devuelven las cartas con la indicación FALLECIDA. La madre de Vera se pregunta qué querrá decir eso en esa lengua extranjera.

La soledad, que puede ser tan dulce y reconfortante como el hogar en un agujero de un hobbit, se presenta aquí como un enemigo contra el que luchar en vano: una soledad fría y húmeda, en absoluto amable.

Ayer dormí largo y tendido. Soñé que estaba muerto. Veía mi tumba. Estaba abandonada, cubierta de malas hierbas. Una vieja se paseaba entre las tumbas. Le pregunté por qué no cuidaba la mía.
—Es una tumba muy vieja —me dijo—. Fíjese en la fecha. Ya nadie sabe quién está aquí enterrado.
Miré la lápida. Era del año que corría. No supe qué responder.

La trama de “Ayer” contiene tantas casualidades que puede hacerse difícil dejarse llevar: es tan irreal a veces, que resulta tan justa y exactamente ficticia como lo es siempre la vida real.

—(…) ¿Qué harías tú en mi lugar?—Ni idea. Ni siquiera sé qué hacer en mi propio lugar.

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